Voy a volver a redefinir otra historia. Si ya lo hice una y mil veces, ¿cuánto puede pesar hacerlo una vez más? Creo que no haría mucha diferencia. La verdad es que todas, en algún momento de nuestras vidas hemos sido Cenicienta. Y no me refiero a las madrastras malvadas y a las hermanastras. Me refiero a algo más simple y concreto. Hemos corrido. O siempre ha habido algo que no deja que podamos alcanzar nuestra propia felicidad. Pero bueno... eso no viene a cuento hoy. Yo me propuse reiventar Cenicienta y es lo que voy a hacer. ¿Se imaginan una Cenicienta no tan cenicienta? ¿Una chica que no vive esclavizada por su madrastra ni por sus hermanas, sino por sus obligaciones de adolescente? Una chica normal, que va al colegio a la mañana, y a la tarde tiene que cuidar a su hermanito porque su mamá y su papá trabajan. Qué la única vez que puede ir a bailar y estar con el chico que ella quiere, debe correr, volar si es posible, a la casa de su amiga, porque ésta acaba de cortar con su novio y está totalmente destrozada. Es obvio que su vida no es un lecho de rosas ni mucho menos. Pero ella la disfruta y hasta a veces, cuando esta tranquila, se compara con Cenicienta. Pero lo hace con humor, porque sabe que en esa fiesta se olvido una zapatilla y que, seguramente su príncipe azul alguna vez se acuerde de ella y se la valla a devolver. ¿Ustedes que creen?