Todo se vuelve cada vez más difícil.
Quiero que pase el tiempo muy rápido para poder ser libre. Estoy cansada desde el lunes y ni hablar de como termino el viernes. Los fines de semana no cuentan porque todo es dedicado a la siguiente semana. Luchar y luchar por algo que sabes que debes hacer, que quizás sea lo tuyo pero que te hace sufrir, no sé que tan bueno sea. A pesar de todo esto mi mente se ha mantenido ocupada y he logrado no pensar tanto en el otro tema. Sólo sigo queriendo que vuelen los años y todo sea diferente, diferente como quiera que sea.

Ella enamorada, él jugaba, ella se canso, él se enamoro.

Te condeno a perderte en sus ojos y no despegarte de ella jamás. Te condeno a pasar horas pensando en ella, creyendo que tal vez ella esté pensando en ti. Te condeno a pasar tus madrugadas llorándole, y tus amaneceres rogándole a Dios que te perdone.
Por el delito de haberla engañado, te condeno a desear siempre estar con ella, y que ella no quiera estar contigo. Te condeno a amarla, mientras en ella se desvanezca cualquier sentimiento hacia ti. Te condeno a que sufras tanto como yo sufrí por ti...

—Te está lastimando y tú estás aquí, parado, sin hacer nada. ¿Es que acaso te has vuelto loco?
Él lentamente negó con la cabeza, sonriendo mientras sus ojos se empapaban de lágrimas.
—Es que no conoces el amor —susurró de forma lenta—. Amar es ponerte en manos de otra persona. Es darle la pistola cargada, confiando en que no disparará. Sin embargo, a veces hay personas que disparan. Una y otra vez, como si quisieran asegurarse de no dejarte vivo. Me río porque justo ahora me doy cuenta de que la pistola sólo tenía balas de salva. Salí vivo de nuevo, y yo quería morir en ella.


El beso más difícil no es el primero , sino el último.