—Te está lastimando y tú estás aquí, parado, sin hacer nada. ¿Es que acaso te has vuelto loco?
Él lentamente negó con la cabeza, sonriendo mientras sus ojos se empapaban de lágrimas.
—Es que no conoces el amor —susurró de forma lenta—. Amar es ponerte en manos de otra persona. Es darle la pistola cargada, confiando en que no disparará. Sin embargo, a veces hay personas que disparan. Una y otra vez, como si quisieran asegurarse de no dejarte vivo. Me río porque justo ahora me doy cuenta de que la pistola sólo tenía balas de salva. Salí vivo de nuevo, y yo quería morir en ella.