Mi voz sigue siendo un susurro. No puedo opinar: soy cobarde. Una cobarde feliz que deja escapar sus suaves palabras para todos aquellos cobardes dispuestos a escucharlas: la verdadera cobardía es la que te mantiene presa de tu propia vida. La que te engaña haciéndote creer lo feliz que eres, aunque tu corazón se desgarre día a día viendo tus sueños morir en el aire, el viento.