Silencio. Estábamos en silencio y ninguno de los dos estábamos incómodos con ello. Estábamos tumbados, el uno junto al otro, simplemente mirándonos, estudiando cada gesto del otro, cada pequeña imperfección, cada detalle minúsculo… Giré mi rostro y la miré. Mantenía los ojos cerrados, dejando que el sol la iluminara, su respiración leve y regular, su pecho subiendo y bajando, una sonrisa en sus labios, el cabello esparcido alrededor de su cabeza, sobre la hierba, su cuerpo quieto, pidiendo en silencio la luz solar… Cualquiera podría reírse de mí todo lo que quisiera siempre que ella estuviese a mi lado.